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20/05/2021. Pentecostés: El gran regalo.

Dicen que iban dos, camino de Emaús y se encontraron a un tercero con el que hablaron de lo que había acontecido en Jerusalén. Después de larga charla se sentaron y al partir el pan le reconocieron. Posteriormente Jesús se presentó a sus discípulos y en su despedida les dejó un gran regalo: Su Espíritu. El Espíritu Santo es el gran regalo de Dios que une al Padre, al Hijo y a toda la humanidad. Este se halla en el interior del ser humano, en el interior de todos, y es el nexo que nos hermana. Ahí, en esa unidad, se cumple el sentido del Evangelio:

• “Lo que le hagáis a estos a mí me lo hacéis”. Mt 25

• “Escucha Israel, el Señor, nuestro Dios, es el único Señor, y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas”.

El segundo es: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. No existe otro mandamiento mayor que éstos» (Mc 12, 29-31)

El Espíritu Santo está en todos. Recordando la percepción de los dos de Emaús y la gran revelación al partir el pan quiero compartir mi reflexión sobre esto último: Percibir a Dios en los demás, descubrir la acción del Espíritu en las personas que me rodean.

Con el paso del tiempo y la madurez que dan los años es posible descubrir las cosas de Dios en la humanidad, por ejemplo:

• Un gesto cariñoso; aquel gesto con misericordia hacia el otro; la bondad del afecto; el amor por el trabajo; los pequeños sacrificios por los hijos, la familia, los amigos; la solidaridad con el desconocido; el afán por construir, por investigar para mejorar la sociedad; el criticar sin reproche para aprender; el saber oír al discrepante para crecer; educar a los niños, la espiritualidad para cambiar la propia actitud…Son gestos cotidianos que dan ejemplo de la bondad del Amor y si estamos atentos pueden hacernos percibir la presencia de Dios, de su Espíritu en la humanidad.

Esa bondad nos da testimonio de la presencia de Dios en todos y en ello descubrimos que somos una Familia.Esta percepción nos motiva a ahondar en nuestro interior y buscar, descubrir que en nuestro centro se encuentra el Espíritu, recibido en el bautismo, que puede canalizar nuestros actos si, en libertad, le dejamos actuar en nuestra vida. Es la base de la Felicidad, el Espíritu regalado es un instrumento donado para que la humanidad viva en el Amor

Como digo: un gran regalo.

Nazario Guerrero Ordoñez

Feliz Pentecostés.

Salesiano CooperadorRonda (Málaga)

Pd. Podemos ahondar, rezando esta canción: “El espíritu, pasión por el todo”, Brotes de Olivo.

Os dejo el enlace: https://www.youtube.com/watch?v=3fGHHhQdzxA

**MI hermano Chito nos comparte esta reflexión en el fbk.

UNA ORACIÓN

Un padrenuestro.

Un Ave María.

Un Rosario.

Una Salve.

Un Credo.

Un Gloria.

¡Cuánta especificidad dependiendo de qué o a quién queremos tener en cuenta a la hora de la oración!

Magnífica especialización que nos ahorra la búsqueda, su tiempo; así vamos a tiro hecho.Llevo tiempo pensando que Dios no necesita que le oremos, pues bien sabe él lo que nos hace falta.

Yo, en mi estupidez, sigo pensando que, si tomo una actitud humilde, uso las palabras adecuadas, quemo el incienso más puro, tendré más posibilidades de ser escuchado.

Pero la oración no es un momento. Es toda la existencia. Toda la conciencia de que nos movemos y existimos en él.

Creo, en mi locura, que podría domesticar, comprar la voluntad de Dios con un traje adecuado, una medalla concreta… Y sólo quiere que le quiera. Que le quiera como quiero ser querido. Y, cuando es así, no quiero dejar de volver al lugar donde me quieren sin freno, a pulmón. No es un momento de oración. Es toda una vida trabajando, luchando y amando en oración. Y, aunque siento que mi alma se araña cuando digo esto, (cuánto más la de Dios mismo) pediré con cada latido de mi corazón que se haga su voluntad.

¿Una oración? No.

Toda la vida.

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